"Número cero" de Umberto Eco



Va un compilado de citas de la novela Número Cero de Umberto Eco.
Se trata de la creación de una redacción para editar un número cero de un diario. Estas citas recorren varios de los conceptos que vimos durante el curso y sirven de ejemplo para ilustrarlos.
Desde la formación de la redacción, la definición de la línea editorial, la selección de sucesos, su interpretación y el montaje en el soporte.
Agregué algunos títulos para cada cita que sirven para orientar el tema del textual y ubicarlo dentro del cuadro sinóptico que usamos de guía de contenidos de la materia.


Número Cero, Umberto Eco

SOBRE EL REGISTRO DEL LENGUAJE
“—No, dottore Simei —intervine—, en ese caso diré que hay que usar ojo del huracán porque no importa lo que dice la ciencia, el lector no lo sabe, y es precisamente el ojo del huracán el que le da la idea de que se halla en medio de un lío. Así lo han acostumbrado la prensa y la televisión. Así como le han convencido de que se dice choppin y manágment mientras debería decirse shopping y mánagment.
—Excelente idea, dottore Colonna, hay que hablar el lenguaje del lector, no el de los intelectuales que no dicen «billete de autobús» sino «título de transporte». Por otra parte, parece ser que nuestro editor dijo una vez que los espectadores de sus cadenas de televisión tienen una edad media (digo edad mental) de doce años. Los nuestros no, pero siempre es útil asignarles una edad a los propios lectores: los nuestros deberían tener más de cincuenta años, serán buenos y honestos burgueses apegados a la ley y al orden, pero se les hará la boca agua con los cotilleos y revelaciones sobre varias formas de desorden. Partiremos del principio de que no serán lo que se dice grandes lectores, es más, la[…]”

LA LÍNEA EDITORIAL

“—Así pues, haremos un diario. ¿Por qué Domani? Porque los periódicos tradicionales contaban, y desgraciadamente lo siguen haciendo, las noticias de la tarde antes, y por eso se llaman Corriere della Sera, Evening Standard o Le Soir. Ahora nos enteramos de las noticias del día con el telediario de la cena, lo que significa que los periódicos nos cuentan lo que ya sabemos, y por eso venden cada vez menos. En Domani, estas noticias que ya están rancias habrá que resumirlas y recordarlas, pero bastará con una columnita, que se lee en pocos minutos.
—Y entonces, ¿de qué tiene que hablar el periódico? —preguntó Cambria.
—A estas alturas, el destino de un diario es parecerse a un semanario. Hablaremos de lo que podría suceder mañana, con tribunas de reflexión, reportajes de investigación, avances inesperados… Les pondré un ejemplo. A las cuatro estalla una bomba, y al día siguiente ya lo saben todos. Pues bien, nosotros desde las cuatro hasta las doce, antes de que se pongan en marcha las rotativas, deberemos dar con alguien que diga algo inédito sobre los probables responsables, cosas que la policía todavía no sabe, y delinear un escenario de lo que sucederá en las semanas siguientes a causa de ese atentado…
—Pero para poner en marcha investigaciones de ese tipo en ocho horas —dijo Braggadocio— se necesita una redacción por lo menos diez veces mayor que la nuestra y un sinfín de contactos, informadores y qué sé yo…
—Exacto, y, cuando el periódico se haga de verdad, así deberá ser. Pero ahora, durante un año, tenemos que demostrar tan solo que se puede hacer. Y se puede porque un número cero puede tener la fecha que se quiera y puede ser perfectamente un ejemplo de cómo habría sido el periódico hace meses, por ejemplo, cuando pusieron la bomba. En ese caso nosotros sabemos ya qué pasó después, pero hablaremos como si el lector todavía no lo supiera. Por lo tanto, nuestras indiscreciones adquirirán un sabor inédito, sorprendente, osaría decir oracular. Es decir, a nuestro financiador habremos de decirle: así habría sido Domani si hubiera salido ayer. ¿Entendido? Y, si quisiéramos, aunque nadie hubiera arrojado la bomba en ningún momento, podríamos hacer un número como si.
—O arrojar la bomba si nos conviene —se mofó Braggadocio.
—No diga sandeces —lo reprendió Simei. Luego, como pensándolo mejor—: Y si de veras quisiera hacerlo, no venga a contármelo a mí.”


LAS VOCES DE LOS OTROS, NUESTRAS VOCES
“—Sencillísimo —dije—. Fíjense en los grandes periódicos anglosajones. Si hablan, qué sé yo, de un incendio o de un accidente de coche no pueden decir, evidentemente, qué piensan ellos. Y entonces introducen en la noticia, entre comillas, las declaraciones de un testigo, un hombre de la calle, un representante de la opinión pública. Una vez colocadas las comillas, esas afirmaciones se convierten en hechos, es decir, es un hecho que fulano ha expresado esa opinión. Con todo, se podría suponer que el periodista ha dado voz solo a quien piensa como él. Por lo tanto, las declaraciones serán dos, en contraste entre ellas, para demostrar que está claro que existen opiniones distintas sobre un mismo tema: el periódico da cuenta de este hecho incontestable. La astucia está en entrecomillar primero una opinión trivial, luego otra opinión, más razonada, que se parece mucho a la opinión del periodista. De este modo el lector tiene la impresión de que se le informa sobre dos hechos pero se ve inducido a aceptar una sola opinión como la más convincente. Pongamos un ejemplo: se derrumba un viaducto, un camión cae al vacío y el conductor muere. El texto, tras haber referido rigurosamente el hecho, dirá: hemos escuchado al señor Rossi, de cuarenta y dos años, que tiene un quiosco de periódicos en la esquina. «Qué quieren, fue una fatalidad —ha dicho—, lo siento por ese pobrecillo, pero cuando el destino se ceba en uno, se ceba.» Inmediatamente después un tal señor Bianchi, de treinta y cuatro años, albañil que trabajaba en una obra en las inmediaciones, dirá: «Es culpa del ayuntamiento; se sabía desde hacía tiempo que este viaducto tenía problemas.» ¿Con quién se identificará el lector? Pues con el que apunta a alguien o a algo, con el que indica responsabilidades. ¿Está claro? El problema es qué y cómo entrecomillar. 


Hagamos algún ejercicio. Empecemos por usted, Costanza. Ha estallado la bomba de la piazza Fontana.
Costanza se lo pensó un poquito, luego dijo:
—El señor Rossi, de cuarenta y un años, funcionario del ayuntamiento, que podría haber estado en el banco cuando estalló la bomba, nos ha dicho: «Estaba bastante cerca y he oído la explosión. Horrible. Detrás de esto hay alguien que quiere pescar en río revuelto, pero nunca sabremos quién». El señor Bianchi (barbero de cincuenta años) pasaba también él por los alrededores en el momento de la explosión, que recuerda ensordecedora y terrible, y ha comentado: El típico atentado de cuño anarquista, no caben dudas.”

“—Excelente. Señorita Fresia, llega la noticia de la muerte de Napoleón.
—Bueno, diría que el señor Blanche, no comentemos edad y profesión, nos dice que quizá fue injusto encerrar en aquella isla a un hombre acabado, pobrecillo, también él tenía familia. El señor Manzoni, o mejor dicho, Mansoní, nos dice: «Ha desaparecido un hombre que ha cambiado el mundo, del Manzanares al Rin, un gran hombre».
—Bueno lo del Manzanares —sonrió Simei—. 

SELECCIÓN DE SUCESOS / AGENDA / A QUIÉN LE HABLAMOS / MONTAJE
Claro que hay otros medios para hacer pasar opiniones sesgadamente. Para saber qué poner en un periódico hay que fijar, como se dice en las demás redacciones, la agenda. Hay una infinidad de noticias que dar en este mundo, pero ¿por qué se debe decir que ha habido un accidente en Bérgamo e ignorar que ha habido otro en Messina? No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias. Y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia. Aquí tenemos un diario de anteayer. En la misma página: Milán, arroja al hijo recién nacido al váter; Pescara, el hermano no tiene que ver con la muerte de Davide; Amalfi, acusa de fraude a la psicóloga que trataba a la hija anoréxica; Buscate, sale del reformatorio tras catorce años el joven que mató a un niño de ocho cuando tenía quince. Las cuatro noticias aparecen todas en la misma página, y el título de la página es «Sociedad Niños Violencia». Sin duda se habla de actos de violencia en los que está implicado un menor, pero se trata de fenómenos muy distintos “En un solo caso (el infanticidio) se trata de violencia de padres sobre hijos; el asunto de la psicóloga no me parece que concierna a los niños porque no se indica la edad de esa hija anoréxica; la historia del chico de Pescara prueba, si acaso, que no ha habido violencia y el chico murió accidentalmente; y, por último, el caso de Buscate, si lo leemos bien, concierne a un cachas de casi treinta años, y la noticia verdadera es la de hace catorce años. ¿Qué quería decirnos el periódico con esta página? Tal vez nada intencionado; un redactor perezoso se ha encontrado entre manos cuatro despachos de agencia y le ha resultado cómodo juntarlos, porque quedaba más resultón. Pero la verdad es que el periódico nos transmite una idea, una alarma, un aviso, qué sé yo… Y en cualquier caso, piensen en el lector; tomadas una por una, estas cuatro noticias lo dejarían indiferente, todas ellas juntas lo obligan a quedarse en esa página. ¿Lo ven? Ya sé que se ha pontificado mucho sobre el hecho de que los periódicos escriben siempre obrero del sur agrede a compañero de trabajo y jamás obrero del norte agrede a compañero “de trabajo y jamás obrero del norte agrede a compañero de trabajo; vale, vale, se trata de racismo, pero imaginen ustedes una página en la que se dijera: obrero de Cuneo, etcétera, etcétera; jubilado de Venecia mata a la mujer; quiosquero de Bolonia se suicida; albañil genovés firma un cheque sin fondos; ¿qué puede importarle al lector dónde ha nacido toda esa gente? Mientras que si estamos hablando de un obrero calabrés, de un jubilado de Matera, de un quiosquero de Foggia y de un albañil palermitano, entonces se crea preocupación en torno a la criminalidad del sur y eso hace noticia… Estamos en un periódico que se publica en Milán, no en Catania, y debemos tener en cuenta la sensibilidad de un lector milanés. Fíjense que hacer noticia es una buena expresión, la noticia la hacemos nosotros, y hay que saber hacerla ver entre líneas. Dottore Colonna, en las horas libres póngase a hojear con nuestros redactores despachos de agencia, y construyan algunas páginas temáticas, ejercítense en hacer surgir la noticia allá donde no existía o donde no se acababa de ver, ánimo.”

GÉNEROS / DESMENTIDA
“Otro argumento fue el del desmentido. Éramos todavía un periódico sin lectores y, por lo tanto, se diera la noticia que se diera, no habría nadie para desmentirla. Ahora bien, un periódico se mide también por la capacidad de hacer frente a los desmentidos, sobre todo si es un periódico que demuestra no tener miedo de meter las manos en la podredumbre. Además de prepararnos para cuando llegaran los desmentidos verdaderos, había que inventar algunas cartas de lectores a las que siguieran nuestros desmentidos. Para que nuestro financiador viera de qué pasta estábamos hechos.

“—Bien —dije—, pongamos un ejemplo de escuela, no solo ficticio sino francamente exagerado. Es una parodia sobre los desmentidos que salió hace unos años en L’Espresso. En ella se suponía que el periódico había recibido una carta de un tal Preciso Desmentidillo, se la leo.

Ilustre director: con referencia al artículo «En los Idus yo no vi», aparecido en el último número de su periódico, firmado por Aleteo Verdad, me permito precisar lo que sigue. No es verdad que yo haya estado presente en el asesinato de Julio César. Como puede cortésmente deducir del certificado de nacimiento adjunto, yo nací en Molfetta el 15 de marzo de 1944 y, por lo tanto, muchos siglos después del infausto acontecimiento que, por otra parte, siempre he deplorado. El señor Verdad debe haber incurrido en un error cuando le dije que siempre celebro con algunos amigos el 15 de marzo del 44.
Es asimismo inexacto que yo le haya dicho posteriormente a un tal Bruto: «Nos volveremos a ver en Filipos». Puntualizo que jamás he tenido contactos con el señor Bruto, del cual, hasta ayer, ignoraba incluso el nombre. Durante nuestra breve entrevista telefónica, dije, efectivamente, al señor Verdad que pronto me veré con el concejal de tráfico Filipos, pero la frase fue pronunciada en el contexto de una conversación sobre la circulación automovilística. En ese contexto, nunca dije que estuviera estipulando un contrato con asesinos para la eliminación de ese traidor completamente ido de Julio César, sino que «estoy estimulando a un concejal para que se asesore sobre la eliminación del tráfico de la avenida Julio César».
Le da las gracias y le saluda atentamente, su Preciso Desmentidillo.”

—¿Cómo se reacciona ante un desmentido tan preciso sin comprometer nuestra reputación? Aquí hay una buena respuesta.

Quiero remarcar que el señor Desmentidillo no desmiente, en absoluto, que Julio César fuera asesinado en los Idus de marzo del 44. Remarco asimismo el hecho comprobado de que el señor Desmentidillo celebra siempre con los amigos el 15 de marzo del 44. Era precisamente esta curiosa costumbre la que quería denunciar en mi artículo. El señor Desmentidillo tendrá, quizá, razones personales para celebrar con abundantes libaciones esa fecha, pero admitirá que la coincidencia es, cuando menos, curiosa. Recordará, además, que durante la larga y densa entrevista telefónica que me concedió, pronunció la frase: «Yo soy de la opinión de dar siempre al César lo que es del César»; una fuente muy cercana al señor Desmentidillo —y de cuya fiabilidad no tengo razones para dudar— me ha asegurado que lo que César ha recibido son veintitrés puñaladas.
Noto que, en toda su carta, el señor Desmentidillo evita decirnos quién, en definitiva, asestó aquellas puñaladas. En cuanto a la penosa rectificación sobre Filipos, tengo ante mis ojos mi cuaderno de notas donde está escrito, sin sombra de duda, que el señor Desmentidillo no dijo «me veré con Filipos» sino «nos veremos en Filipos».
Lo mismo puedo asegurar sobre la amenazadora expresión en relación con Julio César. Los apuntes de mi cuaderno, que tengo ante los ojos en este momento, dicen claramente: «Estoy est … ulando con … ases … eliminación tr. ido Julio César». No será esgrimiendo argumentaciones capciosas y jugando con las palabras como se pueden evitar pesadas responsabilidades o intentar silenciar a la prensa.

—Sigue la firma de Aleteo Verdad. Entonces, ¿dónde reside la eficacia de este desmentido del desmentido? Uno, en la observación de que el periódico ha sabido lo que ha escrito de fuentes cercanas al señor Desmentidillo. Esto funciona siempre, no se dicen las fuentes, pero se sugiere que el periódico tiene fuentes reservadas, quizá más creíbles que las de Desmentidillo. Luego se recurre al bloc de notas del periodista. Ese bloc no lo verá nadie, pero la idea de una transcripción directa infunde confianza en el periódico, hace pensar que hay documentos. Por último, se repiten insinuaciones que en sí no dicen nada, pero arrojan una sombra de sospecha sobre el tal Desmentidillo. Ahora, no digo que los desmentidos deban ser de este tipo, aquí estamos ante una parodia, pero recuerden bien los tres elementos fundamentales para el desmentido del desmentido: las declaraciones recogidas, los apuntes en el bloc de notas, y perplejidades varias sobre la credibilidad del desmentidor. ¿Me he explicado?

Tomamos nota del desmentido —propuso Maia Fresia— pero precisamos que lo que hemos referido se desprende de las actas judiciales, es decir, de la notificación de apertura de sumario.» El lector no sabe que Desmentidillo ha quedado libre de cargos durante la instrucción. Ni tampoco sabe que esas actas deben ser reservadas y no está claro cómo han llegado a nuestras manos, ni hasta qué punto son auténticas. Yo he hecho la tarea, dottore Simei, pero si me permite, esta me parece, cómo diría yo, una faena.
—Monada —glosó Simei—, sería una faena aún peor admitir que el periódico no ha controlado sus fuentes. Pero estoy de acuerdo con que, en lugar de pregonar datos que alguien podría cotejar, siempre es mejor limitarse a insinuar. Insinuar no significa decir algo preciso, sirve solo para arrojar una sombra de sospecha sobre el desmentidor. Por ejemplo: «Publicamos con mucho gusto la puntualización, pero nos consta que don Preciso (usar siempre don, nunca excelencia o señor, don es el peor insulto, en nuestro país) ha enviado decenas de desmentidos a varios periódicos. Debe de ser una verdadera actividad compulsiva a tiempo completo». Entonces, si Desmentidillo manda otro desmentido, estamos autorizados a no publicarlo, o a referirlo comentando que don Preciso no deja de repetir lo mismo. De este modo el lector se convence de que es un paranoico. Ven ustedes la ventaja de la insinuación: diciendo que Desmentidillo ya ha escrito a otros periódicos decimos solamente la verdad, que no puede ser desmentida. La insinuación eficaz es la que refiere hechos que carecen de valor de por sí, y que no se pueden desmentir porque son verdaderos.”

EL HUEVO Y LA GALLINA
—Es que, que Juan XXIII era el Papa bueno, lo dijeron los periódicos y la gente los siguió.
—Exacto. Los periódicos enseñan a la gente cómo debe pensar —interrumpió Simei.
—Pero los periódicos ¿siguen las tendencias de la gente o las crean?
—Ambas cosas, señorita Fresia. La gente al principio no sabe qué tendencia tiene, luego nosotros se lo decimos y entonces la gente se da cuenta de que la tiene. Venga, no hagamos demasiada filosofía y trabajemos como profesionales. Siga adelante, Colonna.”

LA INTERPRETACIÓN
“No debe decirse que la Iglesia ha reconsiderado sus antiguas posiciones sobre la rotación de la Tierra, sino que el Papa pide perdón a Galileo.”

—Tengo un encargo para uno de ustedes, pongamos Palatino, que de momento está libre. Habrán leído en los últimos meses —o sea, que la noticia era fresca en febrero— que un magistrado de Rímini abrió una investigación sobre la gestión de algunos asilos para ancianos. Argumento para una noticia de primera página, tras el caso del Pio Albergo Trivulzio. Ninguna de estas residencias pertenece a nuestro editor, pero sabrán que posee otros asilos, siempre en la costa adriática. No me sorprendería nada que en algún momento este magistrado de Rímini metiera las narices también en los negocios del Commendatore. A nuestro editor, por lo tanto, le hará gracia ver cómo se puede arrojar una sombra de sospecha sobre un juez metomentodo. Tengan en cuenta que hoy en día, para rebatir una acusación, no es necesario probar lo contrario, basta deslegitimar al acusador. Así pues, aquí están el nombre y el apellido del tipo, y Palatino se va unos días a Rímini, con una grabadora y una cámara fotográfica. Siga usted a ese siervo intachable del Estado, nadie es nunca integérrimo al cien por cien, a lo mejor no es un “es un pedófilo, no ha asesinado a su abuela, no se ha embolsado sobres, pero algo raro habrá hecho. O si no, si me permiten la expresión, «extrañamos» lo que hace todos los días. Palatino, use su imaginación. ¿Entendido?
Tres días después Palatino volvió con noticias la mar de jugosas. Había fotografiado al magistrado mientras, sentado en el banco de un parque, fumaba nerviosamente un cigarrillo tras otro, con una docena de colillas a sus pies. Palatino no sabía si el tema podía ser interesante, pero Simei dijo que sí, un hombre de quien se espera ponderación y objetividad daba la impresión de ser un neurótico, y además ocioso: en lugar de sudar tinta china sobre los documentos, iba a perder el tiempo en los parques. Palatino también le había sacado fotos a través de una ventana mientras comía en un restaurante chino. Con palillos.
—Espléndido —dijo Simei—, nuestro lector no va a restaurantes chinos, quizá donde vive no los hay, y jamás soñaría con comer con palillos como un salvaje. ¿Por qué este individuo frecuenta ambientes chinos, se preguntará el lector? ¿Por qué, si es un magistrado serio, no come fideos o espaguetis como todo el mundo?
—Si solo fuera eso —añadió Palatino—, llevaba también calcetines de color, digamos, esmeralda, o verde guisante, y zapatillas de tenis.
El purtava i scarp del tennis! —entonó Simei, dialectalmente jubiloso—. ¡Y calcetines esmeralda! Este o es un dandi, o un hippy, como se decía antes. Poco nos falta para imaginarnos que se fuma también sus buenos porros. Pero esto no hay que decirlo, tiene que deducirlo el lector. Trabaje con estos elementos, Palatino, haga que salga un retrato lleno de matices oscuros, y el hombre queda compuesto como Dios manda. De una no noticia hemos sacado una noticia. Y sin mentir. Creo que el Commendatore va a estar muy contento con usted. Y con todos nosotros, obviamente.”

SECCIONES 
“La compilación de un dosier puede hacerla incluso un estudiante universitario a quien se le dan cuatro perras para que se pasee por las hemerotecas. ¿No irá usted a pensar que los informes, no digo ya de los periódicos, sino incluso los de los servicios secretos, contienen noticias inéditas? Ni siquiera los servicios de inteligencia pueden derrochar su tiempo de ese modo. Un dosier contiene recortes de prensa, artículos de periódicos donde se dice lo que todos saben. Salvo que no lo sabía el ministro o el líder de la oposición a quien va destinado, que nunca ha tenido tiempo de leer los periódicos, y lo toma como secreto de Estado. Los informes contienen noticias desperdigadas que luego la persona interesada tiene que elaborar, de modo que afloren sospechas, alusiones. Un recorte dice que Fulanito ha sido multado hace años por exceso de velocidad, otro que el mes pasado visitó una acampada de boy scouts, otro más que ayer se le vio en una discoteca. Se puede empezar perfectamente por ahí para sugerir que se trata de un temerario que se salta las normas de la circulación para ir a lugares donde se bebe, y que es probable, digo probable pero es evidente, que le gusten los jovencitos. Lo bastante para desacreditarlo. Y diciendo solo la pura verdad. Además, la fuerza de un dosier es que ni siquiera sirve enseñarlo: basta con hacer circular la voz de que existe y de que contiene noticias —digamos— interesantes. Fulanito se entera de que tienes noticias sobre él, no sabe cuáles, pero todos tienen algún esqueleto en el armario, y ya ha caído en la trampa: en cuanto le pidas algo, se avendrá a ser razonable.
—Este tema de los dosieres me gusta —observó Simei—. A nuestro editor le encantaría poseer instrumentos que le permitieran mantener a raya a personas que no lo aprecian, o que él no aprecia. Colonna, sea amable, redacte una lista de personas con las que nuestro editor puede eventualmente relacionarse, encuentre un universitario repetidor y sin blanca, y hágale que prepare una decena de dosieres, de momento bastarán. Me parece una iniciativa excelente, y muy barata.
—Es lo que se hace en política —concluyó Lucidi con aires de uno que sabe cómo funciona el mundo.


EL HUEVO Y LA GALLINA II
“—Maricones —dijo aquella mañana Simei durante la reunión cotidiana—. Los maricones son un argumento que siempre atrae.
—Ya no se dice marica —aventuró Maia—. Se dice gay. ¿O no?
—Lo sé, lo sé, monada —reaccionó Simei con fastidio—, pero nuestros lectores siguen diciendo maricón, o al menos lo piensan, porque les da repelús pronunciar esta palabra. Ya lo sé que ya no se dice negro sino persona de color, que ya no se dice ciego sino discapacitado sensorial. Pero un negro sigue siendo negro y un discapacitado sensorial no ve un pijo, el pobre. Yo no tengo nada contra los maricones, es como con los negros, me la sudan con tal de que se queden en su casa.
—Y entonces, ¿por qué tenemos que ocuparnos de los gais, si a nuestros lectores les da repelús?
—No estoy pensando en los maricones en general, monada, yo abogo por la libertad, cada uno que haga lo que quiera. Pero los hay en política, en el Parlamento, incluso en el gobierno. La gente piensa que son maricas solo los escritores y los bailarines, mientras que algunos de ellos nos están mandando sin que nos demos cuenta. Son una mafia y se ayudan “entre ellos. Y a eso nuestros lectores pueden ser sensibles.
Maia no cejó.
—Pero las cosas están cambiando; quizá dentro de diez años un gay podrá decir que es gay sin que nadie se inmute.
—Dentro de diez años que pase lo que tenga que pasar, ya sabemos todos que las costumbres degeneran. Pero ahora nuestro lector es sensible al argumento. Lucidi, usted que tiene tantas fuentes interesantes, ¿qué podría decirnos de los maricones en política? Pero cuidado, sin dar nombres, no queremos ir a parar a los tribunales, se trata de mover la idea, el fantasma, dar un escalofrío, una sensación de desazón.”

LA AGENDA II / CONSTRUCCIÓN DE LA NOTICIA
“El caso es que los periódicos no están hechos para difundir sino para encubrir noticias. Sucede el hecho X, no puedes obviarlo, pero, como pone en apuros a demasiada gente, en ese mismo número te marcas unos titulones que le ponen a uno los pelos de punta: madre degüella a sus cuatro hijos, quizá nuestros ahorros acaben en cenizas, se descubre una carta de insultos de Garibaldi a Nino Bixio y, hala, tu noticia se ahoga en el gran mar de la información. ”

—La gente tiene una memoria corta. Les voy a proponer un ejemplo paradójico: todos deberían saber que Julio César fue asesinado en los Idus de marzo, pero las ideas al respecto son confusas; buscamos, entonces, un libro inglés reciente en el que se reconsidere la historia de César y con eso sacamos un titular de impacto, «Clamoroso descubrimiento de los historiadores de Cambridge. César fue asesinado verdaderamente en los Idus de marzo». Contamos la historia de nuevo y ya tenemos una noticia pistonuda. Ahora, con la historia de César he exagerado, vale, pero si se habla del Pio Albergo Trivulzio, de ahí sacamos un reportaje sobre las analogías con la historia del Banco Romano. Es un asunto de finales del siglo diecinueve y no tiene nada que ver con los escándalos actuales, pero escándalo llama a escándalo, basta con aludir a ciertos rumores que corren, y se cuenta la historia del Banco Romano como si fuera de ayer mismo. Creo que Lucidi sabría sacar algo bueno.


“—A la fuerza —decía Maia—, también él te decía que todas estas noticias circulaban desde hacía tiempo, solo que habían sido borradas de la memoria colectiva, bastaba con buscar en los archivos y hemerotecas para juntar las piezas del rompecabezas. Yo misma, cuando estudiaba y, después, cuando me ocupaba de afectuosas amistades, leía el periódico, qué te crees, y también he oído hablar de estas cosas, pero las he olvidado, como si cada nueva revelación borrara las demás. Bastaba con volver a sacarlo todo: lo hizo Braggadocio y lo ha hecho la BBC. Si mezclas, tienes dos cócteles perfectos, y ya no sabes cuál es el más auténtico.”